La música en el cine hasta los años 30

     Cuando el cine era mudo el propio público pedía acompañamientos musicales a lo que veía, y esto se llevaba a cabo bien a través de una pequeña banda de música que tocaba a la vez que se veía la película, o bien por medio de pianos o gramófonos.

     No obstante, hay que reconocer que estas músicas no se ponían para acompañar a la acción, sino para tapar, en la medida de lo posible, el ruido que producían las bobinas de las cintas. Poco después es cuando se plantea el escoger los temas musicales en función de lo que se está viendo en la pantalla.

      En 1908, surge, en la práctica, la primera banda sonora original de la Historia del Cine, concebida especialmente para reforzar la expresividad de determinados pasajes de una película.

      En esta fecha, dos compositores, Camille Saint-Saëns y Mihail Ippolitov-Ivanov, crearon varias piezas para películas, lo cual se dio a parecer como una idea original en un mundo que no paraba de evolucionar y de innovar. Durante el período mudo todas las salas tenían algún tipo de acompañamiento musical, que interpretaba  melodías clásicas conocidas por el público. Con la llegada del sonoro desapareció este acompañamiento en vivo, y comienza a crearse música específica para las películas.

      En 1914, se producen cuatro películas con un fondo musical creado para ellas. Un año después, son diez las películas con fondo musical, cuatro de ellas realizadas por J. K. Briel, a quien se considera uno de los primeros profesionales en la producción de música específica para el cine, quien realiza la partitura de una emblemática (y controvertida) producción: El Nacimiento de una Nación.

     Es a partir de estos momentos cuando se generalizan las composiciones de este tipo, contando cada estudio con sus propios compositores.

     La principal caracteristica de estos años fue una mayor profesionalización de la música de cine, con Erich Korngold y Max Steiner como mayores representantes de esta época. La música sufria un gran cambio, pasando de un acompañamiento constante a un empleo más selectivo para subrayar ciertos momentos importantes.

   Los cineastas se dieron cuenta de la gran fuerza del silencio en las películas habladas. Según Max Steiner, productores y directores “empezaron a añadir un poquito de música aquí y allá para acompañar escenas de amor o secuencias mudas”, en la primavera de 1931. Y es que a partir de los años treinta, los grandes estudios tenían departamentos musicales completos, con una plantilla de compositores, adaptadores-arreglistas y directores de orquesta.

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