Los primeros intentos de sonorización.

Charles Pathé, uno de los pioneros del cine, combinó fonógrafo y cinematógrafo, llegando a fabricar unas 1900 películas cantadas.

En 1923, el ya mencionado Lee de Forest presenta su invento definitivo y establece las bases del sistema que finalmente se impuso. El Phonofilm resolvía los problemas de sincronización y amplificación del sonido, porque lo grababa encima de la misma película.

En 1925, la compañía Western Electric decide apostar por Lee de Forest y, en el año 1926, se inició la producción bajo la tutela de la Warner Brothers que, con esta apuesta, pretendía superar una mala situación económica. Y así ese año presentaban cinco cintas en que la imagen convivía con el sonido gracias al sistema Vitaphone de sincronización disco-imagen. Éstas consistían en un discurso de William Hays, una pieza interpretada por la New York Philarmonic Orchestra, una pieza de violín tocada por Mischa Elman, una audición de la cantante Anna Case y la película de Alan Crosland, Don Juan, con John Barrymore como protagonista y en la que se había añadido una partitura interpretada por la orquesta antes citada.

Se fabricaron una variedad de instrumentos especiales para efectos sonoros que ambientaban el cine mudo, hubo innumerables experimentos con máquinas reproductoras de sonido que siguieran la imagen. Los más exitosos fueron los aparatos que servían para sincronizar un disco con la imagen.

Sin embargo, tres importantes problemas persitían, llevando a las imágenes en movimiento y al sonido grabado a tomar caminos separados durante una generación:

1.-Sincronización – La imagen y el sonido se grababan y reproducían por aparatos separados, que eran difíciles de comenzar y mantenerlos en sincronización.

2.-Volumen de reproducción – Mientras que los proyectores de imágenes en movimiento pronto permitieron que el cine se mostrara a audiencias más grandes de teatro, la tecnología de audio antes del desarrollo de la amplificación eléctrica no podía sobresalir para llenar satisfactoriamente grandes espacios.

3.-Fidelidad de la grabación – Los sistemas primitivos de la era producían sonido de muy baja calidad a no ser que los intérpretes estuvieran colocados directamente en frente de los voluminosos aparatos de grabación (altavoces de trompeta, por lo general), imponiendo serios límites en el tipo de películas que podían crearse con sonido grabado en directo.

Sin embargo, un desfase entre el sonido y la imagen, por mínimo que fuera, resultaba desastroso para la proyección, con la consiguiente protesta del público.

 

Fuentes:

 

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